martes, 7 de septiembre de 2010

Koala

Es un martes, me despierto, me paro, me acuesto, me duermo de nuevo y se me olvida ir a la escuela, DEMONIOS! pensé que eso llegaría a la segunda o tercera semana, no al segundo día jajaja, pero bueno, es en lo que mi insomnio y mi reloj de sueño se arreglan, porque vaya que esta desequilibrado.

He estado siempre identificado con las obras de Sabines, y justo en este martes nublado y frío me topé con él, justo con estos fragmentos, este que me hizo pensar tantas cosas en determinado momento, está en mis favoritos, "Los Amorosos", siempre he pensado que formo parte de ellos, es como esas cosas que escuchas a lo lejos y lo sientes como indirecta, como "pedrada", te identificas, pero no dices nada, solo sonríes hacia adentro.

Los amorosos no pueden dormir, porque si se duermen se los comen los gusanos, en la oscuridad abren los ojos y les caen en ellos los espantos, encuentran alacranes bajo la sabana, y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos sin Dios y sin Diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos a cazar fantasmas, se ríen de las gentes que lo saben todo, de los que aman a perpetuidad verídicamente, de los que creen en el amor como una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a cojer el agua, a tatuar el humo, a no irse, juegan el árbol, triste juego del amor, nadie ha de resignarse, dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una u otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos y ellos caminan, lloran, hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden tristemente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida y se van llorando, llorando la hermosa vida.

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